viernes, 29 de mayo de 2009

DIMENSIONES DE LA PERSONA HUMANA


Como nos enseña Martín Buber[1] el ser humano se debe captar entero y no fragmentado. Por eso es necesario hacer el estudio de las distintas dimensiones del ser humano que, aunque diferentes se unifican en un solo ser y único sujeto. Pues para que el hombre sea plenamente persona es necesario que se reconozca como unicidad pluridimensional.

2.1 CORPOREIDAD Y ESPIRITUALIDAD


El hombre está inmerso en su corporeidad, pero a su vez la trasciende al experimentar su unidad como totalidad se partes diferenciadas, pues capta y su alma como dimensiones diversas en su manera se ser y actuar, pero se unifican en la conciencia del "yo" como totalidad

2.1.1 Cuerpo y somatismo

"La dimensión corporal es la primera experiencia que tenemos de nuestro propio ser"[2]. Experiencia que podemos considerar objetiva y subjetivamente.

La objetividad del cuerpo corresponde al hecho de que mi cuerpo aparezca como algo observable, como algo ante mi. Del mismo modo que yo observo un objeto cualquiera puedo observar mi cuerpo. De tal forma que yo percibo por medio de los sentidos a mi cuerpo casi de la misma forma con que yo capto una mesa.

La subjetividad es el hecho se que a pesar de que yo puedo observar a mi cuerpo como a un objeto cualquiera no es un objeto, porque soy yo mismo. Por tanto de los dos aspectos anteriores podemos concluir que yo soy mi cuerpo, pero no únicamente mi cuerpo. "De hecho las dos experiencias no están separadas: yo existo subjetivamente, yo existo objetivamente, son una misma experiencia"[3] unificadas en la conciencia del yo. La corporeidad es la primera Epifanía del hombre, ya que cuando aparezco ante los otros m carta de presentación es mi cuerpo.

A la luz de las anteriores consideraciones se patentizan las funciones y significaciones trascendentales de nuestro cuerpo:

v Forma de presencia real. "El cuerpo es el medio donde toman forma concreta las posibilidades humanas"[4]. El hombre sólo se desarrolla plenamente en comunión con la naturaleza y sus prójimos, de tal manera que para lograr esto, es necesario el cuerpo como único medio para conectarse con el mundo y hacerse presente en él, para realizar sus posibilidades.

v Medio de relación intersubjetiva. "Por el cuerpo los hombres se insertan en un marco interrelacional con base en el mutuo conocimiento"[5]. Es decir, yo conozco de alguna manera el ser intimo de algunas personas por su forma de expresión corporal, si se descubrir el lenguaje del cuerpo. De tal modo que expresiones del cuerpo como la
risa , una mirada, el llanto, la caricia, etc. son modos como dice Sahagun Lucas[6] de en la faz del "otro" contemplar su propio ser. O como lo enseña E. Levinas "a través de las expresiones corporales es posible la reconstrucción de la persona que las produce"[7].

v Poder de transformación y factor limitador. El cuerpo humano además de las anteriores funciones, cumple otro cometido. "Por él transforma el hombre la naturaleza y la domina. No es que emplee la corporeidad como instrumento, sino que mediante ella aumenta su eficacia sobre el mundo por ser principio operativo que posibilita el uso de artefactos"[8]. Como vemos en la idea anterior el cuerpo posibilita al hombre la transformación de la naturaleza, posibilita su modo de habérselas con el mundo, es decir, lo hace un ser de posibilidades. Pero también es un factor limitador ya que por el hecho de estar inserto en el tiempo y en el espacio, se circunscribe en unas coordenadas.

De todo lo anterior podemos concluir que "el hombre es un ser en-carnado en una realidad concreta y es allí en donde hace su vida, en donde se manifiesta como ser de posibilidades"[9].

El mundo contemporáneo ha puesto marcado acento al carácter corporal del hombre y lo presenta como la única definición valida, perdiendo así el sentido totalitario que engendra la persona, degenerando en un materialismo extremo y excluyente que sólo considera real lo sensible. De modo que quienes optan por este somatismo olvidan la acertada afirmación que reza " que el hombre es su cuerpo, pero no totalmente su cuerpo"

2.1.2 Espíritu y espiritualismo

El hombre es espíritu, pero no es solamente espíritu. Esta dimensión lo distingue del resto del zoo, ya que el espíritu es un "principio enraizado en el área vital, pero irreductible a ella"[10]. Por su carácter espiritual el hombre es capaz de autoposeerse y trascenderse, lo cual le permite adueñarse, hacer suya la realidad y convertir se entorno en horizonte de posibilidades.

Podemos enumerar dos categorías propias del espíritu: la primera es la apertura, en cuanto que se sitúa frente a la realidad concreta y la hace suya la yoifica; la segunda es el dinamismo que le da la capacidad de autorrealizarse, pero dentro de la realidad concreta que ha asumido. Debemos tener en cuenta que estos procesos no los realiza el espíritu independientemente, sino el ser humano en su totalidad.

Por el contrario, si consideramos que es únicamente el espíritu el que lleva acabo los procesos anteriormente nombrados y desconocemos que ciertamente es el espíritu, pero un espíritu encarnado, caemos en el grande error de negar la realidad del mundo corporal, hasta hacer de él una pura apariencia del mundo espiritual. Apariencia que cobra importancia, convirtiéndose así en una paradoja, en cuanto que la importancia que se le da al cuerpo es debido no a sí mismo sino al espíritu que actúa sobre él objetivizandolo.

2.1.3 Persona: espíritu encarnado y cuerpo espiritualizado

"El hombre así como es espíritu, es también un cuerpo, totalmente cuerpo y totalmente espíritu"[11]. Es cuerpo espiritualizado y espíritu encarnado, de modo que no podemos decir que el cuerpo y el espíritu son dos realidades profundamente diversas e independientes. Porque en el caso de las necesidades orgánicas no es solamente el cuerpo el que las realiza; o en el caso de las acciones espirituales, por ejemplo no es solamente el espíritu el que ora o el que estudia, sino que es toda la persona la que realiza tanto las espirituales como las corporales.

Esta unidad no desconoce el hecho de que estas dimensiones sean diferenciales, antes bien la persona experimenta en su conciencia la unidad como totalidad de partes diferenciadas inseparables, pero diferenciadas, pues capta su cuerpo y su espíritu como partes diversas en su manera de ser y obrar, pero unificadas en la conciencia del yo.

En definitiva podemos concluir que no está el alma en el cuerpo como el vino en el vaso, sino que están íntimamente unidos como el alcohol en el vino, intrínsecamente ligados para siempre. Por tanto la persona es la capacidad que tengo de reflexionar que soy un cuerpo espiritualizado y un espíritu encarnado.




2.2 INDIVIDUALIDAD Y COMUNITARIEDAD


Nuestra sociedad actual se hunde en el sin sentido de las masas individualistas. Es contradictorio, pero cierto que "en las grandes urbes el individuo nunca está tan solo como cuando camina en medio de las grandes multitudes"[12]. Por lo cual se hace necesario definir un justo medio entre el colectivismo y entre el individualismo operantes en nuestra sociedad.

2.2.1 Individuo e individualismo

Hay que partir definiendo la palabra individuo etimológicamente. “El término latino Individuum significa... lo indiviso, denotando una unidad esencialmente indivisa e indivisible, porque este uno, en cuanto tal, nunca puede existir multiplicado y, por consiguiente, varias veces... de individuo, se deriva individuación, palabra que indica aquello por lo cual este individuo es precisamente éste, distinguiéndose de todos los demás”[13]. Pero a pesar de que todo individuo es único e irrepetible no puede quedarse estandarizado en su unicidad, sino que está llamado a persona en la comunidad, pero lógicamente sin perder su singularidad.

Contrariamente sino corresponde a su relación esencial con sus semejantes y “para salvarse de la desesperación que le amenaza en esta soledad busca la salida de glorificarla. El individuo al mismo tiempo que no ve al hombre más que en relación consigo mismo, hace de su yo singular el centro supremo de interés”[14]. Esta glorificación del “yo” tiene su origen “por una parte en el empirismo positivista que sólo valora como verdadero y objetivo aquello que conocen los sentidos; por otra parte, se basa en la afirmación de que el conjunto de tendencias sensibles hace al hombre suficiente por si mismo, sin que necesite de la sociedad... lo que no es más que una abstracción o ficción irreal”[15]. Por tanto podemos concluir que el individualismo es una deformación de la persona, porque “niega al hombre su dimensión social o trascendente hacia el otro, y proclama el egoísmo como ley suprema para las relaciones entre si”[16].

2.2.2 Comunidad y colectivismo

“Comunidad... designa aquellas configuraciones sociales que descansan en una unidad de actitud, amor y de inspiración moral”[17]. La comunidad brota del encuentro profundo de personas, que a pesar de su común-unión, de su común actuar, de su común aspiración, conservan su insustituible singularidad. Lo común en la comunidad no significa uniformidad, masificación o estandarización, sino comunión de diferencias.

Cuando la comunión deja de ser de diferencias y se convierte en unión de igualdades, la comunidad deja de ser comunidad y pasa a transformarse en un colectivismo, es decir, en una masa estandarizada. Colectivismo que precisamente como dice el filósofo Joseph Gevaert[18] es presentado en nuestra sociedad actual como una alternativa contra la tendencia individualista que se vivió en la época moderna, que llevó al hombre obrero a despersonalizarse, debido al afán egoísta de poder, de unos pocos sobre muchos.

El colectivismo como se dijo anteriormente es el extremo opuesto del individualismo. En el “la persona humana cree haber solucionado el problema de su soledad sumergiéndose y dejándose llevar por una sociedad toda ella dirigida por un partido político y un líder carismático, seguros de poseer el sentido de la historia”[19].

Psicológicamente hablando se puede definir el colectivismo como un mecanismo de defensa enmascarador de la realidad. Por consiguiente en la sociedad o grupo colectivista aparentemente “ya no existe la soledad, ni la angustia vital porque el partido y su líder tienen soluciones seguras para todo. Basta con que cada uno siga las instrucciones del partido para liberarse de la responsabilidad ante la existencia”[20]. En consecuencia el colectivismo inutiliza a la persona y le desconoce su capacidad de habérselas con el mundo, le cierra el horizonte de sus posibilidades. Por eso es muy acertado el pensador Carlos Valverde al decir que “los colectivismos son pesimistas con respecto a la persona, por eso lo someten a la colectivo y al estado que lo representa... Es el triunfo de lo universal sobre lo singular, de lo abstracto sobre la persona existente”[21].

2.2.3 Nosotros: individuo socializado y sociedad personalista

Como se nota en los dos puntos anteriores, la persona en la búsqueda de su afirmación, opta muchas veces por modos que en lugar de ayudarla a encontrar su perfección la deforman. Tanto el colectivismo como el individualismo desvirtúan a la persona y la objetivan, ya que no la tienen como fin, sino como medio. Desvirtuamiento que se
Da por el no reconocimiento de la persona en su totalidad, sino que fragmentándola la objetivizan.

La alternativa a estas dos desviaciones en la búsqueda de plenitud y felicidad del ser humano no se encuentran en ellas mismas, ni en la suma de las dos, sino en el reconocimiento de la dignidad de cada persona y en el salir de su mismidad para encontrarse fecundamente con su prójimo, sin perder su singularidad.

Por tanto podemos afirmar con Emerich Coreth que “una comunidad no es nunca una realidad subsistente en sí misma que elimine al individuo en su autonomía personal, sino que se realiza en una pluralidad de individuos... Por otra parte el individuo está referido a la comunidad... Dentro de la comunidad está llamado a contribuir en fabor de los otros”[22]. Contribución que es esencialmente comunicación que no es un mero oír e intercambiar palabras sin sentido, sino salir de sí mismo y dejar que el otro me interpele, me comunique vida, y “yo” corresponderle de igual modo. Comunicación que no es únicamente con palabras, sino que se traduce con gestos concretos. “Entrar en comunicación con otro... es entrar en comunicación con el ser consciente de sí mismo, capaz de enriquecer al otro y enriqueserce a sí mismo en el ser, porque eso tiene la verdadera comunicación humana que nos enriquese mientras enriquesemos. Cuanto tanto damos tanto recibimos y lo que no se da se pierde”[23].

De lo anterior se concluye que la trascendencia de una persona hacia otra, es decir, del “yo” hacia el “tu” es esencial para la formación integral del hombre. Dimensión que se cumple cuando el hombre es interpelado por otro ser humano. Interpelación que es comunicación que me hace consciente del “otro” y me lleva a responderle solidariamente. Solidaridad que es amor, el cual no se circunscribe en la relación del “yo con el “tu”, sino que trasciende al “nosotros”, y nos lleva misteriosamente a que cada “yo” que integra el “nosotros” descubra en cada experiencia cotidiana que al olvidarse de sí mismo para ayudar a los demás, se encuentra verdaderamente con él en toda su plenitud.

El “nosotros” no es un colectivismo, ni mucho menos un individualismo, sino una comunidad personalista conformada por individuos en comunidad, que en lugar de desconfigurar, configura y plenifica a la persona.

2.3 MUNDANIDAD E HISTORICIDAD


La mundaneidad e historicidad son dos dimensiones esenciales dentro de las cuales se desarrolla el hombre y tienen el mismo valor e importancia que las otras, pues todas forman un solo conjunto. Ser en el mundo significa enfrentarse o habérselas con todo aquello que bien signado por la espacialidad y la temporalidad, que se experimenta como algo distinto del “yo”. Espacialidad y temporalidad que designan el carácter mundano e histórico del hombre como ser situado en el mundo y en la historia.


2.3.1 Mundanidad

“El hombre como ser situado da sentido al mundo”[24]. Ya que “ser situado equivale a tener una relación de presencia de mi “yo” ante el mundo, no como mero espectador pasivo, sino como sujeto que activamente expresa y convierte a ese mundo de objetos en lo que llamamos naturaleza humanizada”[25]. Darle sentido al mundo no significa únicamente actividad externa, sino también interna.

Si la actividad es solamente externa, técnica, mediante la cual el hombre sacia las necesidades de orden biológico y el deseo innato de descubrir nuevos horizontes de conocimiento. Puede correr el peligro de exaltar la técnica y degenerar en tecnocracia, teniéndola no como medio para mejorar y dignificar su vida, sino como fin en sí misma.

Si contrariamente es sólo actividad interna se corre el peligro de caer en la tecnoclastia, que consiste en pensar que la civilización técnica siempre es deshumanizante.

El humanizar el mundo no consiste en ninguna de las dos posiciones anteriores, pues es cierto un adagio filosófico que dice que la verdad se encuentra en el justo medio. Por tanto el hombre como ser situado en el mundo le da sentido en la medida en que hace que todas las cosas estén perfiladas por él y que lleven su marca como signo de que las ha yoificado, de que las ha asumido como horizonte de posibilidades. Dándoles de esta manera un sentido trascendente.

No solamente el hombre da sentido al mundo, sino que “el mundo como ser del hombre da sentido a la existencia humana”[26]. El hombre por su capacidad intelectual no se queda circunscrito en su mero entorno, sino que se abre a las posibilidades que el mundo le ofrece, las hace suyas de manera que aumenta su horizonte plenificador. De lo anterior se concluye que el hombre mediante su actividad humaniza al mundo, lo comprende, se comprende ya que se piensa a sí mismo como ser situado y que donde se encuentra situado lo determina. “yo soy yo y mis circunstancias”.

2.3.2 Historicidad

Se debe partir del hecho de que “la historicidad indica generalmente el carácter histórico se la existencia humana”[27]. Historia que no se refiere únicamente a acontecimientos pasados, sino a la “parte activa del hombre”[28]. Llegando así a definirse la historia como “la aventura del devenir humano a través del tiempo, caracterizada esencialmente por una continuidad cultural en medio de un indiscutible movimiento de novedad y de creatividad. No solamente se recogen en esta acepción las huellas de un movimiento pasado, sino que señala al mismo movimiento que está esencialmente en acto hacia el futuro”[29].

Novedad y creatividad son las dos actitudes que debe tener el hombre como ser histórico, para la mayoría por no decir todas las acciones humanas, incluso las que puedan parecer anodinas por carecer de brillantes presenten un carácter creador, de modo que colaboren a fundar nuevos ámbitos de realidad o a incrementar y enriquecer los ya existentes. Esto para poder desarrollar al máximo la capacidad de admiración, la cual constituye el antídoto de la tendencia reduccionista; a la depauperización de las realidades y fenómenos que acontecen en la historia humana. Al reducir el valor de cuanto le acontece el hombre amengua su propia capacidad creadora en todos los órdenes de su existencia: intelectivo, ético, estético, religioso.

Por tanto si disminuye su capacidad creadora, desdice el hecho de ser esencialmente histórico, que no significa un mero estar en el tiempo, sino ser en el tiempo, es decir, “tomar conciencia de su devenir, de ser caminante”[30], de ser que se hace y se proyecta en el tiempo.

Esta historicidad se experimenta en la tensión entre pasado y futuro, devenir que no es estático, sino dinámico porque es del hombre, y si es del hombre es vida. Devenir que es puente entre pasado y futuro, que es presente, pero como precisamente es dinámico no se puede apreciar, sino que se debe vivir, porque es tan efímero que sin pensarlo se vuelve pasado.

Pasado que “significa aquí todo acontecimiento humano... que convoca una actitud del hombre y lo desafía para que reaccione y transforme su vida”[31]. Transformación que desde el pasado, pasando por el presente debe proyectarse hacia el futuro, para que de este modo logre ser auténticamente histórico.

2.3.3 Situación y trascendencia

Al ser mundano el hombre se experimenta como ser situado en el mundo. Situación que no es cerrada, sino abierta, puesto que “la persona no es un ser acabado; por el contrario, es esencialmente movimiento del ser hacia el ser, es expectativa, es ansia de infinito”[32]. Ser que se siente insatisfecho por lo que es y desea ardientemente llegar a alcanzar la plenitud.

El hombre es un ser situado, pero esa situación en la que se desarrolla no le impide afrontar nuevos horizontes posibilitarizadores de su plenificación, es decir, es un ser situado en continua trascendencia hacia “lo otro”, “el Otro” y “el totalmente OTRO”. “El hombre trasciende su mundo sin abandonarlo”[33].

2.4 INTERIORIDAD Y COMPROMISO


“La vida personal si bien es cierto, se manifiesta hacia la exterioridad”[34]. Se manifiesta en su acción que es epifanía de su ser. Acción que debe ser comprometida, creadora de posibilidades plenificadoras para sí mismo y para los demás. Porque una posibilidad es más provechosa si va en función del “otro”, pero si por el contrario se intenta crear una posibilidad desedificadora para otra persona, esta acción recae sobre su mismidad.

Lo anterior no quiere decir que la persona es únicamente su manifestación externa, pues se estaría cayendo en un reducciomismo. La exterioridad de la persona, su acción es un reflejo de lo que es interiormente, es un mostrar desde afuera lo de dentro.

“La persona es un adentro que tiene necesidad del afuera”[35]. Afuera que es una nueva expectativa de la realidad común[36].

2.4.1 Interioridad

La interioridad es vivir la vida desde adentro, desde lo que uno es, porque en ello se encuentra el núcleo de la personalidad, “la unidad ontológica, y por consiguiente, en sí indivisible, es decir, no compuesto de partes separables “[37], sino unidad pluridimensional. Es desde la interioridad donde experimento la totalidad de mi poripio ser, es allí donde la “autoconciencia experimenta que todos los elementos que la constituyen y todos sus actos se orientan hacia un yo” [38]. Pero este yo no solo se experimenta como centro a donde se orientan los actos, sino que “significa captarlo como fuente de donde brotan mis actos” [39].

Por la interioridad el hombre se hace un ser independiente del mundo, no en el sentido en que esté fuera de él, sino que no se queda circunscrito en el ámbito de lo inmanente, de la animalidad. En este sentido ya no sería un ser del mundo, sino abierto al mundo.

La interioridad es lo que caracteriza al hombre en “la búsqueda constante de identidad, como encuentro consigo mismo y de éste con los demás”[40]. Por tanto vivir desde adentro, me debe llevar a asumir la vida auténtica y responsablemente, a hacer de cada momento de ella una ocasión de plenificación.

2.4.2 Compromiso

Como se dijo anteriormente la vitalidad del hombre se manifiesta en se acción. Por supuesto que aquí se trata de una acción seria y comprometida en favor de la del universo personal. Que incluye el “yo, el ”tu” y el “nosotros”. Acción que no es excluyente, sino que por el contrario desborda todo límite, toda condición social, toda raza, todo credo, toda lengua.

La acción no es un mero activismo individualista que responde a un interés particular; al deseo egoísta de complacer las necesidades particulares. O lo que es aún peor, una acción marcada únicamente con el sello positivista que estandariza a la persona y excluye el hecho de que el hombre es un proceso continuo, llamado a hacerse.

El verdadero compromiso manifestado es aquel que brota desde adentro y se manifiesta en la acción. Al nacer desde adentro, es decir desde la mismidad, tengo conciencia de que “soy yo” el la realizo, “yo” que es totalidad, la unidad de todo mi ser que en consecuencia opta por comprometerse a favor de la modificación de la realidad despersonalizante que lo circunda.

Compromiso que esencialmente debe tener como objetivo el ser apóstol de la verdad. Compromiso que es donación, entrega generosa hacia el “otro” que necesita de mi. Descubriendo que en esa entrega comprometida que se hace hacia el “otro”, se hace al mismo tiempo y modo consigo mismo. En consecuencia cuando se ayuda al prójimo a encontrar el comino de plenificación, se plenifica a si mismo.

“El compromiso del ser personal exige así que yo me done, que yo me entregue en una acción real para posibilitar al otro; pero no en una acción personal esteril, sino en una nueva expectativa que transforme la realidad común”[41]
2.5 LIBERTAD: ASUMIR PERSONALMENTE EL CARÁCTER PLURIDIMENSIONAL


Para tratar este discutido y confuso tema, se debe partir del presupuesto de que el hombre es el único ser dentro de la naturaleza que es libre y que sabe que es libre. Mejor sería decir que “el hombre es libertad”[42]. Al ser libre puede determinarse, al determinarse puede perfeccionarse, pues la profundidad de la libertad marca el grado de perfección.

El hecho que por su libertad pueda autodeterminarse supone la elección libre de las posibilidades con que cuenta. Para que la libertad que permite al hombre elegir entre diversas posibilidades sea fecunda debe acomodarse “debidamente a las exigencias que plantea su desarrollo como persona” [43] integral.

Hay que tener en cuenta que “ el mero elegir entre diversas posibilidades no basta para vivir una auténtica vida de hombre. La elección debe hacerse a la luz de una idea clara se lo que es el ser humano y lo que constituye la propia vocación y misión en la vida... Será inauténtica si nuestro uso de la misma deforma la figura humana que hubiéramos debido ir construyendo a lo largo de la vida”[44]. Según lo anterior, la auténtica libertad consiste en desvelar la persona que hay en cada hombre. Ante lo cual surge una pregunta: ¿cuál es el modelo de persona?

Ya se ha hecho un recorrido estudiando la pluridimensionalidad del ser personal. De modo que se puede responder a la pregunta formulada anteriormente que el modelo de persona es aquel que asuma todas y cada una de sus dimensiones y se reconosca como unidad, como totalidad.


“La libertad no se palpa, no se ve; ella es fundamentalmente afirmación. La libertad se vive, es dimensión fúndante[45] de la estructura de la persona”

2.6 PERSONA


La persona es espíritu encarnado y cuerpo espiritualizado, llamada a donarse consciente y libremente hacia un “nosotros”, trascendiendo el mundo y la historia pero sin abandonarlos.


[1] BUBER, Martín. ¿Qué es el hombre? México: FCE, 1976, p. 20- 21.
[1] VELEZ CORREA, Jaime. El hombre un enigma. México: CELAM, 1995, p. 47.

[3] GONZÁLEZ, Luis José et al.. Antropología perspectiva latinoamericana. Bogotá: USTA, 1990, p. 154.
[4] SAHAGUN LUCAS, Juan. Las dimensiones del hombre. Salamanca: sígueme, S.A, 1996, p. 154.
5 Ibid, p. 155
.
[6] Ibid, p. 155.
[7] LEVINAS, E. Totalidad e infinito. Salamanca: sígueme, S.A. 1995, p. 89.
[8] SAHAGUN, Op cit, p. 156.
[9] GONZALEZ, Op cit, p. 224.
[10] SHELER, Max. Antropología filosófica. En: SAHAGUN, Op Cit, p. 115
[11] MOUNIER, Emmanuel. El personalismo. Bogotá: El BUHO, 1993, p.39.
[12] GONZALEZ, Op Cit, p.13.
[13] BRUGGER, Walter. Diccionario de filosofía. Barcelona: Herder, 1998, p. 306.
[14] VALVERDE, Carlos. Antropología filosófica. Valencia: Edice, 1994, p. 261.
[15] VELEZ, Op Cit, p. 238.
[16] Ibid, p. 262.
[17] BRUGGER, Op Cit, p. 116.
[18] GEVAERT, Joseph. El problema del hombre. Salamanca: Sigueme, 1995, p. 37-38.
[19] VALVERDE, Op Cit, p. 261.
[20] Ibid, p. 262.
[21] Ibid, p. 262.
[22] CORETH , Emerich. ¿Qué es el hombre? Barcelona: Gerder, 1991, p. 229.
[23] VALVERDE, Op Cit, p. 266.
[24] VELEZ, Op Cit, p. 211.
[25] Ibid, p. 211.
[26] Ibid, p. 211
[27] GEVAERT, Op Cit, p. 232.
[28] Ibid, p. 233.
[29] Ibid, p.233.
[30] VELEZ, Op Cit, p. 404.
[31] Ibid, p. 405.
[32] GONZALEZ, Op cit, p. 237.
[33] Ibid, p. 238.
[34] Ibid, p. 226.
[35] Ibid, p. 226.
[36] Ibid, p. 240.
[37] VELEZ, Op Cit, p. 268
[38] Ibid, p. 271.
[39] Ibid, p. 272.
[40] Ibid, p. 272
[41] Ibid, p. 241.
[42] SAHAGUN, Op Cit, p. 202
[43] LOPEZ QUINTAS, Alfonso. Manual de formación ética del voluntario. Madrid: RIALP, S.A. 1998, p. 152.
[44] Ibid, p. 152.
[45] GONZALEZ, Op Cit, p. 233.
Tomado de mi monografía: El Personalismo alternativa a la violencia colombiana

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